20.- EL ATUENDO DEL FALSO REY CALÉ

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La pinta que tuvo Mariano Fernández Santiago, conocido en su tiempo por todos los granadinos como Chorrojumo, durante sus paseos laborales por la Alhambra fue más o menos siempre la misma. Tenía chaqueta corta oscura, a veces con gruesos botones, encima de una camisa blanca con chorreras, sobre la que se liaba una faja que también ocultaba la parte superior del pantalón también oscuro, que le llegaba hasta las rodillas. Calzaba unas botas camperas altas, adornadas con unas polainas de cuero labrado. Y, por supuesto, siempre llevaba su característico sombrero, un catite pero extremadamente alargado, terminado en un pompón rojo o negro, que hacía que sobre su cabeza pareciera que tenía una chimenea que desprendía un chorro de humo, expresión que desencadenaría el nombre popular por el que fue conocido. Siempre le acompañaba una larga vara que, cuando posaba, colocaba verticalmente o algo inclinada cogida con su mano derecha, a la vez que colocaba el brazo izquierdo en jarra.

MCTGR_os_12_Chorromujo_499_lgEn 1894, años antes de la fama que le proporcionó la abundancia de postales que se comercializaron con su imagen, apareció en la revista Blanco y Negro esta descripción suya: “Era alto, esbelto, ágil y bien proporcionado; de ojos negros, pero con esa intensidad del negro que sólo tienen los de los gitanos”. Unos años antes, el fotógrafo José García Ayola le había hecho un extraordinario retrato de primer plano, conservado en la casa de los Tiros de Granada. Entre otras cosas, sobre esta imagen se dice en la web de este archivo: “Aunque ésta es una imagen de un personaje popular que atraía a los visitantes de Granada, se trata de forma diferente a las imágenes tópicas: aquí la cámara fotográfica nos acerca a la persona y no al personaje que representó”. Como se puede observar, su rostro oscuro estaba poblado por unas redondas y amplias patillas, especialmente blancas al final de su vida, etapa a la que corresponden buena parte de las postales en las que saldría retratado.

Mariano Fernández dedicó una parte de su vida (la que iba desde el último cuarto del siglo XIX hasta su muerte en 1906) a enseñar la Alhambra, además de a dejarse fotografiar por una monedas o vender sus fotografías, primeramente en tamaño carte de visite y luego impresas en tarjetas postales. En una de ellas, editada por el fotógrafo Abelardo Linares pero en realidad impresa a partir de un cliché de Ayola, alguien dejó escrito en inglés una interesante descripción de su indumentaria y su colorido: “Pantalón corto azul oscuro o negro, con botones dorados abrochados. Faja carmesí. Chaqueta de terciopelo verde. Pañuelo en la cabeza rojo y negro. Sombrero negro. Pompón rojo. Polainas de piel. Pantalón interior blanco que se ve en las rodillas”.

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Quien mejor describió al afamado gitano fue su contemporáneo Rodolfo Gil, en El País de los sueños. Páginas de Granada (publicado en la imprenta de Paulino V. Traveset en 1901) que escribió sobre su “figura polícroma”:

“Alto, bien plantado, de rostro moreno aceitunado, con blancas y redondas patillas y ojos nigérrimos y brillantes, de cuerpo gallardo y flexible, que se descoyunta en fuerza de saludos y cortesías, con recién planchado camisón con chorreras, bordado al realce, y polainas de labrado cuero cordobés, y su pañuelo de yerbas que atado sobre la nuca le cubre la cabeza, y se oculta en parte bajo el promontorio cónico que le sirve de sombrero, y que por su color, elevación y forma parece una espiral de humo: en esta semejanza radica el nombre con que le conoce todo el mundo. Su chaleco bordado muestra argénteos botones de muleta que cuelgan de los ojales y lucen sobre la apretada faja negra de seda, que ceñida a su cuerpo le da la esbeltez característica que tiene. Su chaquetilla varía según la estación, pero siempre es corta, fina y bordada de lentejuelas en verano y de terciopelo o de paño con dibujos de cuero en mangas y espalda durante los meses en que el abrigo se impone, y en que Chorro e jumo luce su manta antequerana y su calzón corto de terciopelo se ajusta por bajo de la rodilla abrochado con realillos de plata a guisa de botones”.

Este nombre por el que fue conocido popularmente el ficticio rey gitano hay quien dijo que provenía de la morenez de su tez, la propia de una persona que había trabajado en la fragua (oficio, por lo demás, muy propio entre los gitanos granadinos de esa época), habiendo cogido su cara el color del “chorro de humo”. Así, en Granada se utiliza desde entonces el dicho “estás más negro que Chorrojumo”, para indicar que el color oscuro que alguien tiene se ha adquirido en trabajos dificultosos y generalmente expuestos al sol. Más modernamente, cuando alguien dice “estar más quemao que Chorrojumo” en este caso se refiere a la idea de cansado, pero más mental que físicamente, posiblemente por su actividad profesional.

[Para ver postales de Chorrojumo en este blog : 1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8, 9, 10.  Para saber más de Chorrojumo en este blog pulsa aquí].

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