X.- DÉROULÈDE Y LA PRENSA DONOSTIARRA

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Se puede decir que San Sebastián, finalmente, no ha sido nada agradecida con Paul Déroulède. Una vez tuvo la idea de  dejar la ciudad el 15 de julio de 1905 creyendo que iba a ser amnistiado por la Asamblea francesa, de que a cambio le fuera concedido un indulto pero que él nunca aceptó, de celebrar en el hotel Continental una comida de despedida a la que invitó a más de trescientos allegados y amigos españoles, de que dirigiera sus pasos hacia Viena, donde pasaría tres aburridos meses (en espera de mejores decisiones por parte de la Cámara francesa para poder así regresar definitivamente a Francia cuando ya llevaba cumplidos algo más de la mitad de su condena de diez años de destierro), solamente sus amigos donostiarras lo tuvieron en la memoria hasta que uno a uno fueron falleciendo.

          Como dejó escrito Gabriel Laffitte en 1936: “El Ayuntamiento nada hizo por este ilustre huésped, ni en vida ni después de muerto. Tan siquiera envió un representante, un ramo de flores, cuando se inauguró su estatua en París”. La única constancia visible que quedaba de su exilio, su residencia Villa Alta, caería en manos de la piqueta hace algo menos de diez años, con la excusa de su deficiente conservación y respaldada por una indiferencia generalizada, siendo sustituida por una nueva villa de fachada minimalista con “dos dúplex y 2 viviendas horizontales con vistas a la bahía de la Concha, dos plazas de garaje por vivienda y terraza solarium compartida”, según se podía leer en un anuncio inmobiliario.

          Solamente leyendo la prensa donostiarra de la época es posible conocer la importancia de haber estado Déroulède, con esa imagen quijotesca de larga barba, bigotes retorcidos y gran nariz, deambulando por las calles de San Sebastián, acudiendo a exposiciones y conciertos en el palacio de Bellas Artes, asistiendo de vez en cuando a corridas de toros y, sobre todo, organizando reuniones y comidas en Villa Alta para sus visitas francesas  y a las que casi siempre invitada a amigos españoles.

          La prensa local escribió continuamente sobre la relación que Déroulède tuvo con la ciudad, sus gentes y sus autoridades. Y es que sobre nuestro personaje, que siempre se comportó con una generosidad y una amabilidad fuera de lo común, La Unión Vascongada, periódico monárquico, se hizo eco de su activa vida social y hasta de los problemas que tuvo con los policías franceses que le espiaban de continuo. Tanto es así que, hasta el 29 de julio de 1903, día en que publicó su último número (o es el último conservado en la hemeroteca de la donostiakultura.com), en más de doscientas ocasiones hizo esta publicación alusión a su persona y su estancia en la ciudad. Recordemos que había llegado a San Sebastián el 11de enero de 1900.

          Más distante con el político y escritor francés estuvo el diario republicano La Voz de Guipúzcoa que, sobre todo al principio, para nada tuvo afecto con su actividad agitadora por la que fue desterrado, y así apareció escrito unos días antes de su llegada en ferrocarril: “Aquí descansará Deroulede y ojalá recobre su salud perdida”, pero “la idea política que representa, la doctrina perturbadora que profesa, solo hallará el vacío”.

          Con la caballerosidad que tenía por gala el político desterrado, a los pocos días de su llegada, a pesar de no haberse recuperado del agotamiento de la prisión y el juicio que sufrió ni del penoso viaje que hizo, fue presentándose a todas las autoridades y organismos de San Sebastián, haciendo lo mismo con las redacciones de los dos principales periódicos donostiarras, que visitó el día 13 de enero de 1900, y así lo contó en sus páginas al día siguiente La Voz de Guipúzcoa: “Agradecemos esta visita de cortesía, y como lo cortés no quita lo valiente, repetimos que deseamos al ilustre desterrado que halle entre nosotros, como ha de hallar consideración y respeto, salud y tranquilidad hasta el día en que pueda volver a su país”.

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          Hauser y Menet, acogiéndose a la moda que en Europa se estaba produciendo de publicar postales con las portadas reventadas de periódicos, puso a la venta con el número 9 la de La Voz de Guipúzcoa, con su página inicial del día 25 de febrero de 1902. Fueron tan magníficas las fototipias de los editores suizos afincados en Madrid, que es posible leer su contenido haciendo uso de la lupa. Si bien las noticias que este periódico publicó sobre Déroulede fueron bastantes menos que las que aparecieron en su colega monárquico, curiosamente en esta portada se hacía una pequeña reseña, que se podría leer en la segunda columna si no fuera porque corresponde con el agujero en el papel. De todas maneras, buscando en la hemeroteca es posible saber lo que venía impreso: “Como ya decíamos, ayer se celebró en Bayona la reunión nacionalista. Los oradores hicieron la apología de Mr. Deroulede y de Mr. Habert, hablando al mismo tiempo, con gran entusiasmo de una república plebiscitaria. A la reunión asistió bastante público”.

          Por lo menos, este pequeño recuerdo “periodístico” nos ha quedado del ilustre desterrado francés a los coleccionistas actuales, además de muchas otras tarjetas postales con su retrato, con vistas de Villa Alta, con dibujos satíricos sobre sus cosas y casos, de sus exequias fúnebres en París en 1914, etc. ¡Nos quitamos el sombrero ante Paul Déroulède por ser uno de los más relevantes personajes de la cartofilia mundial!

[Para saber más de Paul Déroulède en este blog pulsa aquí] [Para conocer algunas pequeñas cosas más sobre Paul Déroulède consulta el diario en este blog]

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