XII.- PAUL DÉROULÈDE EN EL CONTINENTAL

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Desde su llegada a San Sebastián el 11 de enero de 1900 hasta el abandono de la misma a mediados de julio de 1905 tuvo Paul Déroulède una relación muy directa con el Hotel Continental, que era el de mayor categoría de la ciudad. Había sido inaugurado en 1884 en el paseo de la Concha, pudiendo disfrutarse desde sus habitaciones principales unas maravillosas vistas de la bahía donostiarra. Tenía, además, una de las cosas que más lo diferenciaba del resto de los establecimientos hoteleros del lugar: un ascensor, que fue uno de los primeros que hubo en San Sebastián y el único, a comienzos del siglo XX, que todavía se podía encontrar en un hotel de esta ciudad. Para su instalación hubo que realizar una importante obra de ingeniería y así solventar las dificultades que suponía ejecutar el proyecto en el inestable suelo que había junto a la playa.

Esta cuestión del ascensor fue muy relevante para Déroulède, que llegó a la ciudad vasca con una salud muy quebradiza, después del periplo que hubo de hacer una vez dejado a su suerte en la frontera belga en la madrugada del día 5 de enero de 1900, atravesando Alemania, Suiza y, una vez en Italia, tomar un vapor de Génova a Barcelona, y desde aquí ir en ferrocarril a la capital quipúzcoana. Habría que sumar a este agotador viaje la estancia en la prisión parisina de la Santé desde agosto de 1899, y la pesadez de un juicio en el que había casi una docena y media más de encausados.   A Déroulède, que habitualmente iba con su bastón como consecuencia de la herida de bala que tenía en la pierna desde la guerra Franco-prusiana de 1870, se le habían aumentado enormemente estas dolencias como consecuencia de todo lo sucedido. Tras descender del tren en San Sebastián, fue caminando apoyándose en su médico Devillers, que lo había acompañado en todo el trayecto. El día 12, por ejemplo, en La Unión Vascongada, se alertaba del lamentable estado del exiliado, “no sabemos si de las molestias del viaje o porque realmente esté enfermo”.

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En el Hotel Continental tenía reservadas siete habitaciones y un salón. A pesar de su continua actividad recibiendo visitas y presentándose a las autoridades y a la prensa, desde el primer momento fue apreciándose en él la mejoría, aunque en San Sebastián hacía por aquellos días un clima bastante inestable. Así contaba La Voz de Guipúzcoa, el día 13 de enero de 1900, la primera impresión que tuvo Dérouléde después de haber descansado tras maldormir varios meses: “Ayer por la mañana, en cuanto se levantó, mandó abrir los balcones de sus habitaciones que dan a la Concha. El golpe de vista es soberbio, como es sabido, y Déroulède se mostró gratamente impresionado del espectáculo que se presentaba ante sus ojos”.

Puede que la única postal descan10242-xxx-int Déroulède en el Continental sea en la que se le ve apoyado en la barandilla de la terraza delantera del hotel, la que había junto al paseo y a pocos metros de la playa. Se sabe que la fotografía se hizo antes de que Déroulède llevara en la
ciudad un mes y, a alguna de las copias, el político y escritor puso una dedicatoria que sería la que se utilizara para realizar la postal que, posiblemente, se publicó por lo menos media docena de meses después. Fue una edición francesa y, debido a lo conocido que era Déroulède en su país, no lo nombra ni en el título que, escuetamente, dice En exil.

Si bien, el haber estado en un confortable hotel le supuso a Déroulède acelerar su mejoría, no fueron menores las consecuencias económicas que supusieron para el Continental la estancia del político nacionalista en San Sebastián. Fue, sin duda, el mejor cliente que tuvo durante los cinco años y pico que duró su destierro. Pues aunque, pasados dos meses y ser apreciable su mejoría, alquiló definitivamente una casa llamada Villa Alta, con aún mejores vistas que las del hotel por encontrase a mayor altura, buena parte de los franceses que vinieron a visitar al ilustre desterrado ocuparon las habitaciones del hotel. Pero, además, Déroulède compartió mesa en su restaurante con algunos de ellos y además, en tres ocasiones, en 1900 y en 1905, celebró allí animados banquetes.

Fue al poco de estar cumpliendo condena, el 16 de mayo de 1900, cuando vino el grupo más numeroso de franceses que le visitó nunca. Se trataba de 15 concejales del ayuntamiento de París, ocho representantes de los comités del partido y algunos acompañantes que venían a celebrar con su líder durante tres días el triunfo obtenido en la capital francesa durante las elecciones municipales del 6 y 13 de mayo. Habían conseguido los nacionalistas 50 concejales, mientras que los socialistas fueron 28 y otros dos eran radicales independientes. Buena parte del grupo de franceses, si no todo, ocupó habitaciones en el Hotel Continental, celebrándose en la noche del primer día en su restaurante un banquete con el que Déroulède quiso agradecer la visita, mientras que al día siguiente fueron los concejales los que le invitaron a almorzar en el mismo lugar.

De aquella visita queda como recuerdo una postal impresa a partir de una fotografía hecha por Charles Leclerc, instalado en San Sebastián, que se hizo una vez terminada la segunda comida, poco tiempo antes de que algunos se prepararan a coger el tren a París. Dentro de la tarjetografía antigua donostiarra, esta postal es de las más valiosas, sobre todo si ha circulado en 1900. Martín Carrasco Marqués, en Las tarjetas postales ilustradas de España circuladas en el siglo XIX, le coloca cuatro estrellas  (de 101 a 350 euros) si cumple esa condición.

El día más importante económica y simbólicamente para el Hotel Continental por cuenta de Paul Déroulède  fue el 13 de julio de 1905 y del que, desgraciadamente, no se publicó postal alguna. Para el día siguiente, día nacional de Francia, el gobierno pretendía publicar una amnistía general para los condenados políticos. Por ello, Paul Déroulède con esa generosidad que siempre le caracterizó mientras vivió en la capital vasca, organizó  una cena de la que envió unas invitaciones en las que se decía, según apareció escrito en La Vanguardia de ese día: “Después de haber vivido cinco años en San Sebastián, y antes de volver a Francia, deseoso de pasar un rato con mis allegados y amigos de España, les suplico el obsequio de asistir a las nueve y medio de la noche al Hotel Continental”. Asistieron todo tipo de amistades y autoridades donostiarras, llegando a reunirse más de trescientos comensales.

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Tras recibir en la ciudad al día siguiente a Marcel Habert, comunicando a Déroulède que tras las deliberaciones de la Asamblea Nacional a la que siguieron algunos incidentes, se dejó la determinación para una futura sesión. Tal circunstancia hizo que entonces el presidente francés Loubet concediera, en vez de la prevista amnistía, un indulto a las condenados por el complot, cosa que aceptaron los demás menos él, para que no le supusiera un acto de sumisión. Como estaba previsto, dejó la ciudad pero yéndose a vivir algo más de tres meses a Viena, hasta que por fin fue amnistiado, regresando a París el 5 de noviembre de 1905. Más hubiera querido el Hotel Continental que Déroulède hubiera cumplido su condena completa en San Sebastián.

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