XI- LAS POSTALES “ESPAÑOLAS” DE A. TARIDE

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En diciembre de 2013 falleció el multifacético coleccionista francés Philippe Bournazel, más conocido como Collyon. Sus colecciones de cromos, de botellas de Cocacola, de muñequitos de Kinder Sorpresa, de pin’s publicitarios y de eventos deportivos, de papeles secantes… estaban formadas por cientos y, en ocasiones, miles de objetos. Para darlos a conocer, en 2008 creo una web con su alias, en donde mostraba buena parte de sus piezas, y muy especialmente las de la que era su tema favorito: la Exposición Universal de París de 1900. Ahí podemos disfrutar viendo y analizando cromos, viñetas filatélicas, fotografías, etc.  y, sobre todo, postales (de las que nos enseña aproximadamente 3500) de ese magno acontecimiento celebrado en el cambio de siglo.

Hace poco más de dos años apareció publicado en el número 36 de Revista Cartòfila mi artículo “El pabellón español en la Exposición Universal de 1900”, al que había dedicado casi un año, desde febrero de 2013, que fue cuando comencé a coleccionar de manera compulsiva estas postales. El haber prestado atención al capítulo que Martín Carrasco dedicaba a las mismas en su magnífico catálogo Las tarjetas postales ilustradas de España circuladas en el siglo XIX (2ª edición, año 2009, páginas 188 a 193), y ver que podía adquirir ejemplares por internet a precios más interesantes de los que marcaba en su publicación, me metió de lleno en esta nueva temática. Entre otros, el propio Philippe Bournazel vendía sus ejemplares repetidos a precios más que razonables. Y así conocí su página web, que a partir de entonces consultaría continuamente.

Entre tanta búsqueda llegué a una conclusión interesante, que denota la importancia de este evento para el coleccionismo postal: sobre la Exposición Universal de París de 1900 se publicaron tantos tipos de postales como sobre todas las poblaciones de España ese mismo año. En julio de 2013 tenía Collyon escaneadas casi 3500 postales, diferenciando entre las que son ilustradas o tienen una imagen fotográfica y organizadas por editores, pero apreciándose las faltas en aquellas series que eran numeradas. El tesón de Bournazel hubiera conseguido en poco tiempo superar los cuatro mil ejemplares. Por otro lado, Martín Carrasco en su impresionante labor cataloga en la segunda edición de su libro 3250 (y no “más de cuatro mil tarjetas postales” como indica en la introducción), apreciándose igualmente las faltas, seguramente superables en futuras ediciones. Como se ve, las cuentas que hacen el uno y el otro son muy parecidas.

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A los dos meses de comenzar mi colección ya había comprado más de 150 piezas (no solo del pabellón, pues también necesitaba ejemplares para documentar la Exposición), apoyándome en la variedad de un nuevo tema y sus precios razonables. Además, al ser una materia con mucha oferta y posiblemente porque los coleccionistas veteranos ya poseían lo que les interesaba, lo normal era no encontrar contrincante en las pujas. El cartófilo francés tiene tanto en qué interesarse pues la difusión y el coleccionismo de postales a comienzos del siglo XX estuvieron muchísimo más desarrollados que en España, que las postales de la Exposición, por tanta oferta y tanto como se imprimió, además de por su carácter mas monumental y de poca animación, es una temática de precios relativamente bajos. Tanto es así, que en internet podía negociar los precios con éxito y, además,  solamente en esos dos meses una vez un comprador superó mi puja en una compra (yo indicaba como cantidad siempre el precio de salida).

También me dí cuenta desde el principio que las dos postales del editor A. Taride en las que se veía el pabellón de España, eran las más fáciles de localizar y las que tenían unos precios más interesantes.

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Para Taride esta serie fue su primera experiencia en el mundo tarjetográfico. Y es que desde el año 1895 este editor se dedicaba a la producción de planos para ciclistas que luego, ya antes de 1900, amplió también para los automovilistas.  Por los escaneos de Collyon sabemos que esta serie estaba formada por 40 modelos, siendo 39 de ellos horizontales. Son buenas fototipias, en las que la imagen tiene márgenes difuminados a los cuatro lados, especialmente a la derecha. Editó Taride ese mismo año otras 40 postales de monumentos parisinos, estando ambas´series sin numeración, y teniendo a la Torre Eiffel (también conocida como la Torre de los 300 metros, como se puede leer en una de las postales) como edificio común en los dos casos, aunque con tomas bien diferenciadas en el tiempo, pues en una de ellas se ven los pabellones de países norteafricanos construidos para la Exposición. La próxima serie de postales relevante mandada hacer por Taride se imprimiría diez años después, y la dedicó a las importantes inundaciones que hubo en París en 1910.

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Como decía, las postales de Taride debieron ser las más populares de la Exposición Universal de París de 1900 en su momento y, siendo por lo tanto, las más fáciles de encontrar entre las que se hicieron del pabellón español, igualmente no es difícil localizarlas a buen precio. Desde que comencé la colección hace ya poco más de tres años y medio, y prestándole atención de vez en cuando, no he podido evitar comprar numerosas piezas. Tanto es así que de estas dos postales tengo treinta y un ejemplares en total, estando 17 de ellos circulados en 1900. Cada uno de estos últimos me ha costado de media 3,42 euros (incluidos los gastos de envío), muy lejos de la cotización que indica Martín Carrasco al concederle dos estrellas, es decir, entre 21 y 50 euros.

No hay que entender esto como puro acaparamiento pues la comparación entre ellas da lugar a poderlas estudiar detenidamente e ir encontrando variedades. Por otro lado, nadie muestra ningún interés por estas piezas, ya que el coleccionista español lo es en general de postales regionalistas, y el francés tiene infinidad de curiosas temáticas a las que mostrar interés. De una de las variedades de esta colección de Taride nos advierte Collyon en su web, y es que toda esta serie se imprimió en tres colores de cartulina: blanca (más bien color crudo pues no pienso que originariamente fuera totalmente blanca), rosácea y verdosa. Por otro lado, esas compras me han servido para ir localizando cada vez ejemplares circulados más antiguos, estando ahora en el 29 de mayo de 1900 mis dos piezas más antiguas (las dos distintas, echadas al correo por el mismo remitente y con el mismo destinatario), como se ve en el matasellos impreso en el frontal de la postal puesta como ejemplo más arriba.

[Para saber más sobre la Exposición Universal de 1900 en este blog pulsa aquí, y sobre el Pabellón de España pulsa aquí]

 

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